27 mar. 2015

"EL NADADOR EN EL MAR SECRETO" de WILLIAM KOTZWINKLE.



SINOPSIS: 

    El nadador en el mar secreto es la historia del arduo nacimiento de un niño contada por su padre. El lenguaje poético de su narración y una contenida emoción se funden para proyectar un potente sentimiento de amor y a la vez de aceptación de una realidad no deseada.







   La muerte. Nos acompaña desde el principio de todos los tiempos, intimidante, solapada, traicionera o a cara descubierta, razonable o descerebrada, cruel o, incluso..., deseada. No existe nada más contundente que la afirmación de que, tarde o temprano, nos daremos de bruces con ella. No hay certeza más categórica que anticipar su presencia y sus efectos sobre todo aquello que cobre vida. Nada es inmortal. 
   Sin embargo la esquivamos, volvemos la cara para mirar hacia otro lado cuando la intuimos cerca, y negamos su presencia; evitamos siquiera mencionarla, en un gesto inconsciente, inocente o ignorante de su voluntad propia, como si con ello la invocáramos, como si enmudeciendo su nombre consiguiéramos espantarla; cerramos los ojos en un intento desesperado de no atisbar su rostro y ordenamos a la mente, de manera incansable, que no evoque el más mínimo pensamiento en el que ella pueda ocupar un lugar, por ínfimo que sea. 
   Muchas veces he pensado en el daño magnificado por esta actitud. Sé que hay demasiados sentimientos en juego que amenazan con ahogarnos, con matarnos lentamente si ella se cruza en nuestro camino, sentimientos de amor, de amargura, de vacío, de soledad, de tristeza ante el disfrute diluido, evaporado, de quien se marcha de su mano. Pero negar la evidencia es una actitud irracional que conlleva enfrentarse a ella de golpe, asumir sus consecuencias sin posibilidad de digerirlas poco a poco, cuando aceptar su llegada probable en cualquier momento permitiría gestionar sus efectos de una forma bastante más natural, como parte del proceso, como final de una etapa que comenzamos hace un tiempo y que está abocada a concluir, lo queramos o no. 
   Presumimos de pertenecer a una sociedad civilizada, educada y hasta culta -comparándonos con otras alejadas de nuestras fronteras que no corren tanta suerte-. Trabajamos, alentamos y empujamos a quienes pertenecemos a ella a inculcar valores morales, formas de comportamiento, a aprender el manejo de herramientas que nos ayuden a socializarnos, a adaptarnos al medio y a las circunstancias, a comprender a los demás, a empatizar con ellos, que nos permitan convivir en paz... Pretendemos evolucionar así como personas, persiguiendo el equilibrio psicológico y utilizando estrategias como el buen uso de la inteligencia emocional para manejar cientos de los problemas cotidianos y no tan cotidianos que nos abordan a lo largo de nuestras vidas. ¡¡Pero seguimos dando de lado a uno de los trances más traumáticos del ser humano y para el que menos preparados estamos: el de la muerte!!
   Hay sociedades bastante más "primitivas" que la nuestra que nos dan vueltas en relación a ello, que nos podrían enseñar a afrontarla como lo que es, una parte más de nuestra vida, la última. Y hay religiones que ayudan a tener ante ella una actitud diferente. Pero algo tan racional no debería quedar en manos de la religión. Ni tener que habitar paraisos extraños para aceptarla desde pequeños.

   Tal vez esta no sea la entrada más adecuada para hacer una crítica o reseña de este libro. Pero tampoco pretendo que lo sea. Hay lecturas que me incitan a hablar de la historia, de la trama, de su particular desarrollo o de su estilo narrativo. Otras me transmiten tanto que me obligan a hablar de las sensaciones que han suscitado en mí pasando por alto la forma en que lo han hecho. Y este es uno de esos casos. Esta es una de esas lecturas de cuya historia no me apetece hablar, porque considero que el paseo por sus letras, por sus páginas y por lo que en ellas se cuenta, es tan solo una excusa, un camino que nos lleva a identificarnos con la situación hasta tal punto que cientos de preguntas saltan por los aires para que las conteste una misma. ¿Cómo habría reaccionado yo de haber pasado por una situación igual? ¿Sería capaz de asumirlo o moriría en el intento? ¿Me he planteado alguna vez que pueda sucederme algo así o siempre doy por hecho que todo saldrá bien, que la guadaña de la muerte entra  en la casa de otros pero no en la mía? ¡¿Por qué no estamos preparados para lo que va a pasar?! ¡¿Por qué negamos lo innegable?!

   Visualizarlo mentalmente, soñarlo despiertos, recorrer con detalle una situación hipotética relacionada con ella y nuestros seres queridos, dejar que las emociones y los sentimientos negativos fluyan con libertad por los poros de la piel al planteárnoslo ayudaría, ayudaría a asumirlo con menos trauma llegado el momento. Yo lo he hecho, aunque anticiparlo pueda tacharse de macabro, de invocar malos augurios, incluso de rayar el morbo autocompasivo al imaginarme involucrada en una tesitura tal. Y es que, aunque no es la panacea, estoy convencida de que la gestión de las emociones puede resultar mucho más satisfactoria y eficaz cuando estas ya se conocen, cuando se viven las cosas por "segunda" vez. Aun así, se me antoja imposible que la muerte me encontrara preparada para perder prematuramente a quienes amo en profundidad.  

   Desconozco si William Kotzwinle pretendía trasmitir todas estas sensaciones al escribir esta historia. Probablemente no. Es posible que solo quisiera plasmar una vivencia que podría ser la suya, dejar testimonio de una experiencia como quien escribe un diario. Pero es inevitable sentir una empatía asombrosa al leerle, ponerse en su piel y sufrir con él, sobre todo cuando una es madre y conoce lo que es llevar una vida en el vientre durante nueve meses y parirlo a fuerza de dolor, percibiendo sus latidos de vida en cada empuje, sintiéndote unida a él por un deseo imperioso de encontrarse frente a frente en este mundo, de abrazarse y amarse para siempre. Su prosa poética y metafórica, que reviste de belleza la narración, y su manera de contar la historia sin hacer uso de recreaciones morbosas, de emociones edulcoradas o lastimeras que busquen la compasión, sino de forma directa, contundente, veraz, incluso dura, hacen que te sumerjas en la lectura desde la primera página hasta la última bebiéndotela en un solo sorbo, con la angustia anclada a la garganta y el corazón oprimido ante esta historia de amor,  sin dejar de preguntarte una y otra vez: "Y esto... ¿cómo se supera?".



Lecturas 2018.

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