30 jun. 2016

"ROMANTICISMO NOIR". Antología "LA LIBRERÍA MÁS BONITA DEL MUNDO". (Playa de Ákaba).



   El género del relato marcó mis comienzos. Y no puedo olvidarme de él, a pesar de haber publicado dos novelas (y continuar con mis proyectos en este género) después de esa primera recopilación de relatos cortos que me adentró en este mundo.

   Me siguen gustando esos flashes traducidos en microrrelatos que plasman una forma de sentir, una escena cotidiana cargada de emoción, un pensamiento o una reflexión. Y me siguen encantando esos relatos cortos que, en muy pocas páginas, son capaces de recrear una historia completa con sorprendente final por una simple (y a la vez, compleja) cuestión de arte, el que esconde una buena elección y combinación de las palabras, tanto en calidad como en cantidad.
 
   Uno de mis últimos relatos lo escribí hace algo más de un mes. Y lo escribí expresamente para participar en la convocatoria de la editorial Playa de Ákaba, que pretendía hacer una selección de relatos cortos que sirviera para rendir homenaje a esos establecimientos a los que escritores y lectores tanto debemos: las librerías.

   Tal selección, convertida en antología y en la que mi relato está incluida, ha sido publicada en papel y lleva por título "La librería más bonita del mundo". En la tarde de hoy, 30 de junio, a las 18:00h., será presentada por Lorenzo Silva, escritor y editor de Playa de Ákaba, en la Biblioteca Municipal Eugenio Trías (próxima al Retiro), de Madrid, y a la que te animo a asistir.

   El relato con el que participo se titula "Romanticismo Noir" y comienza así:

   «De nuevo una voz quebró el silencio de mi habitación, atravesando las sombras. Debería de haberme asustado. Pero llegó a mí como un susurro cálido y envolvente, amoroso. Y yo lo seguí, embaucada, dejándome arrastrar hasta la calle desierta, apenas bañada por la luz cenital que las farolas alcanzaban a derramar sobre ella. El mundo dormía, mientras yo me deslizaba por la acera escuchando el batir de mis pasos, amortiguados por los restos de lluvia caída durante la tarde. El eco de aquella voz, llamándome, se adentraba en mis oídos guiándome como un faro en alta mar, hasta recalar en una bocacalle coronada por un establecimiento centenario que yo solía frecuentar, la librería París, de cuyo escaparate fluían reflejos que chispeaban en el cristal, como si alguien hubiera prendido velas tras él.
 Me acerqué con cautela y empujé la puerta. Estaba abierta. El calendario que había tras ella había retornado en el tiempo, sorteando un siglo que había perecido ya…».

   Romanticismo clásico. Fantasía. Un pizca de intriga. Y un sorprendente final. ¿Os animáis?



28 jun. 2016

MICRORRELATO: "AL FONDO DEL MAR".


   Vuelvo a pisar la arena húmeda, fría. Hundo en ella mis pies descalzos y espero a que una ola libe mis tobillos y los impregne de sal. Lleno mis pulmones de oxígeno mientras entorno los ojos, mientras la calma acompasada por el murmullo de las caracolas me abraza fuerte, gozosa por volver a encontrarme. El eco de las gaviotas golpeando mi pecho me hace ser consciente de la soledad.
    Me siento en casa, de vuelta a este rincón alejado y tan preciado que me permite pensar, citarme a solas con mi propia voz, a la que a veces me cuesta reconocer. Porque cambia su tesitura cuando nadie la escucha, cuando quedan atrás los testigos de las confesiones que me suele hacer entre brumas. Dejo que se desahogue, que divague entre el absurdo y la razón, con mi corazón aderezando ese monólogo, salpicándolo de sentimientos, de instinto, de emoción...
    La playa está desierta. Y camino. Camino en dirección al faro que apenas vislumbro entre la niebla. Me atrae su luz. Como una estrella polar orientándome en la oscuridad, indicándome hacia dónde ir. A sus pies veo las olas encrespadas y el rumor llega hasta mí, bravo y poderoso. Las observo y me embelesa la furia con la que atrapa las piedras desmoronadas por sus embestidas. Las engulle y estás desaparecen, allanándolo todo. Pienso entonces si me arrebatarían las sombras al rociarme. O si me llevarían con ellas por entero hasta un paraíso precioso de arrecifes de coral.
    Me subyuga la idea. Me atrapa. Me excita.
    Y me dejo llevar. Alcanzando el faro con los pies helados. Abriendo los brazos. Aspirando la sal que hace alborear la cresta de la marea que me envuelve. Que me lleva hasta el fondo para no regresar.

21 jun. 2016

MICRORRELATO: "MI HIJO."


   Tu sombra se diluye a tu espalda. Se resiste a acompañarte. Reniega de ti porque te convertiste en un fantasma que deambula por la vida. Sin lugar donde ubicarte. Sin nada a lo que aferrarte. No hay temple en tus pasos ni fuerza en tu mirada. No hay gravedad en tu voz, que apenas susurra. Ni tu mente abraza sueños que tus manos construyan. Busqué la luz en tus ojos para poder guiarme, para rescatarte de un desierto que por estéril ni oasis tiene, donde calmar tu sed, donde recobrar el aliento que un día perdiste, si es que lo tuviste alguna vez. Se me deshace en las manos tu alma mientras tu corazón desfallece. Y con él de pena muere el mío, por no haber sabido tal vez aleccionarte para hacerte hombre. Aún eres niño.

    Camina. Camina adonde los sentimientos te lleven. Vuela adonde te reclame el instinto. Pero nunca olvides que yo a tu espalda quedo. Esperándote por siempre. Porque tú siempre serás mi hijo.



17 jun. 2016

MIEDO.


Miedo…

   A la responsabilidad, al futuro, a las decisiones por tomar y a sus nefastas consecuencias, a que se torne incontrolable lo que ahora, ilusamente, nos parece controlar…
   Miedo a que recaigan sobre nosotros las culpas de lo que hicimos sin instrucción previa, de aquello que construimos por intuición; a que se nos crucifique por un error obviando aciertos; a convivir con la recriminación, sin halagos merecidos que la suavicen…
   Miedo a lo que nos viene impuesto, al veto, a la falta de escapatoria, a aquello que nos domina anulándonos la voluntad, a los bajos de cada ciclo vital…
   Miedo al dolor físico y emocional, a las pérdidas sentimentales que resquebrajan el corazón, a la soledad sobrevenida de la mano de la incomprensión, de la ignorancia, de la exigencia imposible de satisfacer…
   Miedo a las miradas reprobatorias de aquellos a quienes amas, a no soportar las cargas que recaen sobre nosotros sin petición previa y que no podemos esquivar, a no contar con un hombro en el que llorar o un rostro amigo al que hablar…
   Miedo a darlo todo, a vaciarnos por entero en favor de los demás hasta quedarnos huecos, para terminar desmoronándonos sin que nadie nos recoja, ahogados por las lágrimas del alma…
   Miedo a ser humanos, estrictamente humanos… Pero no a vivir.

   La vida es un reto. Puedes esconderte o plantarle cara, a pesar del miedo, haciendo gala de valentía. No se equivocará quien no decida.  No caerá quien no camine. No correrá riesgos quien no experimente. No sufrirá quien no luche a pecho descubierto ante los avatares del mundo. No lucirá cicatrices quien solo se cuide a sí mismo, obviando a los demás. No se verá acusado quien jamás tome las riendas de la situación, asumiendo su responsabilidad... Pero tampoco vivirá.
   Terminará siendo un cuerpo errante que  transita por la vida con el alma y el corazón muertos.




13 jun. 2016

YA NO DISFRUTO TANTO CUANDO LEO.



   Ya no disfruto tanto cuando leo, aunque tal vez debiera decir "siempre que leo", porque paradójicamente, leer cada vez me gusta más. Esta es la conclusión a la que llegué (o llegamos, porque no era yo sola) tras una conversación de libros, novelas y arte literario en general. Y deduje rápido el porqué, no fue necesario que lo meditara en exceso.
   A la mente se me vinieron varias imágenes; por ejemplo, la de aquel que buscando muebles para su casa hace una ruta por Ikea tras haber pasado previamente por la tienda de ebanistas de su pueblo. Y no, no os adelantéis que no voy a volver a la carga con la controversia de la calidad literaria y las ventas que llevan o no aparejadas, de eso ya hemos hablado hasta la saciedad. Voy al hecho de que un mueble y otro serán analizados de forma distinta en función del grado de conocimiento del oficio que se pueda tener. Una profana en la materia, como yo, se dejará llevar, probablemente, por su aspecto externo, por su estética (medida según mis propios y subjetivos cánones de belleza), por su utilidad, su funcionalidad y su precio; un carpintero o un ebanista (incluso yo si me apuntara a un taller para aprender el oficio) analizaría también, muy probablemente, la simplicidad de sus líneas o, por el contrario, el trabajo oculto en sus patas torneadas y en las tallas de las volutas que lo adornan, el entrelazado de sus cajones, el tipo de barnizado o la madera maciza empleada en un caso versus DM prensado en el otro, aspectos que al primero le podrían pasar por completo desapercibidas por mero desconocimiento del oficio. Eso no implica que por saber más ya no pueda gustar o convencer el primero, ¡ojo!, sino que es más probable que uno sea consciente de sus carencias y que, a la vez, le resulte más complicado menospreciar alegremente el segundo (aunque no sea atractivo) al haber podido apreciar el esfuerzo y los conocimientos necesarios para su construcción. Y en esas estoy yo.
   Siempre he sabido de la subjetividad que hay en la recomendación de una obra y en la valoración personal de la misma ("para gustos... colores", como suele decirse). Y en parte, esto es algo que enriquece a la literatura: el hecho de que una misma obra se convierta en una novela diferente en función de quien la lee y de lo que cada cual es capaz de extraer o interpretar a partir de lo que se ha escrito. Pero ahora soy consciente de que ese grado de subjetividad es aún mayor de lo que pensaba, porque no todos analizamos en ella los mismos elementos, y por ende, no los valoramos igual. Y esto es algo que incluso he podido apreciar en mí misma a lo largo del tiempo. Antes solo "percibía" la historia y lo que esta era capaz de removerme por dentro; ahora no puedo evitar el análisis de la forma en que está contada, de cómo está estructurada la trama, de cómo el autor maneja y dosifica la información, del tipo de voz narrativa utilizada, del tiempo verbal, de la forma en que se crea intriga o suspense, de la profundidad de sus personajes, de la construcción de sus diálogos, de la documentación previa que le sirve de soporte, de la ambientación, de la capacidad para hacer las descripciones justas, de su grado de verosimilitud, de la calidad de su narrativa..., así como el grado de complejidad de cada uno de esos aspectos. Es decir, ahora valoro fondo y forma, y convencerme resulta por tanto mucho más difícil, porque hay que tener mucho oficio para que todo ese compendio resulte del todo óptimo. Pero, por otro lado, al llegar a este punto tampoco me creo con la suficiente autoridad como para menospreciar una obra alegremente, porque soy mucho más capaz de apreciar la dificultad que puede haber tras una estructura argumental aparentemente fácil; la perfecta evolución de un personaje que, precisamente por estar bien construida, pasa desapercibida; la complejidad en el manejo y dosificación de la información para mantener intriga; la recreación de escenarios "visuales"; o una prosa que transmita, porque hay narrativas formalmente correctas y hasta ejemplares que, sin embargo, son frías como témpanos de hielo.
   A medida que voy aprendiendo más del arte de escribir y novelar, más difícil resulta que una obra me llene. Pero a la vez menos me atrevo a juzgarla de cara a los demás. Y ya no solo por lo que he referido antes, sino también por nuestra propia variabilidad. He sido consciente de que podría incurrir (o haber incurrido) en el mismo error que ya he podido apreciar en las opiniones de otros lectores, y que no es otro que su propia incoherencia a la hora de tener o no en cuenta determinados elementos en su valoración de las obras. Raya el colmo de la subjetividad que factores que han servido para minusvalorar una novela hayan pasado sin embargo desapercibidos (o no hayan sido tenidos en cuenta) a la hora de valorar otras. Da igual el porqué. Da igual si se debe a que otros aspectos altamente positivos han eclipsado estos detalles, si la calidad narrativa nos ha atrapado hasta el punto de no percibirlos, si el respeto o la admiración sentida por el autor nos impulsa (tal vez de manera inconsciente) a hacer especiales concesiones, si nos influyen en exceso las expectativas previas o la opinión de los demás... Da igual. La cuestión es que si nosotros mismos, a la hora de analizar y valorar, no somos fieles a nuestros propios criterios, a ver con qué rigor o credibilidad podemos recomendarla o dejar de hacerlo.
   Han sido varios los descalabros que me he llevado últimamente. Y cuando hablo de descalabros me refiero a discrepar de las críticas leídas, para bien o para mal. Obras catalogadas como "novelón" me han decepcionado soberanamente por este otro tipo de aspectos que he enumerado antes, incluso por (bastantes) detalles de la propia trama o historia que se cuenta. En cambio otras, declaradas "infumables" por muchos lectores, a mí me han mostrado aspectos literarios que solo los buenos escritores son capaces de manejar. Y sigo prefiriendo una historia mediocre bien contada y estructurada -o de forma original- a una gran historia formalmente mediocre, al contrario de las preferencias de muchos otros.


   Concluyendo:
   Primero. Antes disfrutaba más con cualquier lectura por aquello de que "ojos que no ven, corazón que no siente".
   Segundo. Es tal la subjetividad a la hora de poner estrellas a una obra literaria que cada vez me dejo llevar menos por las opiniones ajenas; ya tan solo me dejo arrastrar por quienes sé de primera mano que valoran los mismos aspectos de fondo y de forma que yo, para bien o para mal.
  Y tercero. Mientras más cosas aprendo de este oficio de escribir y de novelar (y mira que todavía me falta una infinidad), menos me atrevo a opinar de forma pública, porque he aprendido que muchos aspectos que deberían tenerse en cuenta a la hora de hacerlo no dependen de "impresiones" (tan variables como relativas), ni de juicios propios con una -a veces- exagerada impronta personal, sino de conocimientos.






11 jun. 2016

MICRORRELATO: "MÚSICA".


   Permítame acomodarme entre sus piernas y desnudar mi espalda, maestro. Su música me conquistó. Cerré los ojos y quedé atrapada entre sus hilos como la clave de Sol en la partitura. Escucharlo tocar me hizo vibrar, gozar, soñar..., amar. Y esta noche, observando enamorada el devenir de sus manos y la agitación de sus dedos estremeciendo cada compás... me convertí en instrumento. Mi voz se ha hecho melodía y en mi piel afloran las cuerdas del violoncelo de sus amores. Deseosas de ser tocadas.
    Permítame acomodarme entre sus piernas y desnudar mi espalda, maestro. Porque esta noche no deseo sentir la música. ¡Quiero ser música! Para usted.

 **

   A veces, el germen de una idea te asalta y partir de ahí construyes una pequeña historia. Acto seguido, buscas una imagen apropiada para ilustrarlo y publicas.
   Otras veces, es una imagen la que hace saltar tu inspiración de inmediato; como un resorte, como quien pone un dedo en la llaga, como quien te pellizca haciéndote reaccionar. Este es uno de esos casos.
   Gracias por la imagen, amiga. 
    
   

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