11 nov. 2015

RELATO: "LA PRINCESA DE LOS SUEÑOS IMPOSIBLES."

   Me apresuro a verte. He elegido mi mejor vestido para lucir bonita y he dejado mi melena suelta para que vuelva a enredarse entre tus dedos mientras te hablo, mientras me inunda la luz de tus pupilas que me hace sentir mujer a pesar de mis veinte años. Mi corazón se estremece al escuchar tu voz, palpita nervioso en mi pecho y he de calmarlo posando mis manos en él. Una melodía dulce suena en mis adentros, haciendo valer su capricho de poner música a mis palabras, como en esas películas románticas que alguna vez me llevaste a ver. Murmuran. Sé que murmuran que lo nuestro no es posible. Pero es que yo me siento la princesa de los sueños imposibles, la heroína de mi propio cuento, escrito a la medida de tu amor y el mío, de los sentimientos que me confesaste al tiempo de hacerme tuya.
   Entro en el salón pellizcándome a mí misma en un intento de contenerme, de no saltar a tus brazos para estamparte un beso en los labios delante de todo el mundo, como me apetece hacer; para no gritar, antes de que tú lo sepas, que llevo en mi vientre el latido compartido de tu ser y el mío, como marca indiscutible de nuestra felicidad plena, del comienzo de una vida nueva que acabará por disipar el miedo que ahora siento debido a mi juventud.
   Te das la vuelta. Y espero una sonrisa que me atraiga hasta tus brazos. Que me ampare. Que proteja al fruto de mis entrañas y a quien está dispuesta a darte tierra, cielo y luna. Pero el rictus de tus labios le arrebata su lugar y desata un vendaval de emociones que me aterran. Dejo de respirar e interpreto el mensaje en tus ojos con la angustia apostada en los míos. Me ordenan marchar. Largarme de aquel lugar en el que no queda espacio ni amor para una más. Ellas se arremolinan, te tocan, te piropean y te idolatran. Tú repartes besos, caricias, palabras engalanadas... Y tus dedos juegan con sus cabellos mientras les prometes las mismas dulzuras que aquella noche me prometiste a mí...
   Los colores se desvanecen y el mundo se hunde bajo mis pies al oírles murmurar, como siempre hicieron. Yo camino erguida sin saber adónde. Bajo las estrellas, tal vez... Para poder llorar.  

© Pilar Muñoz Álamo - 2015

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